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LA INDIA EN LLAMAS.

La relación cine-tren es incuestionable y así lo han demostrado los miembros de ASAFAL. La Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almería organiza todos los años un ciclo de cine ferroviario, a lo largo de todos los viernes del mes de noviembre. Durante estos años han proyectado 21 películas y diversos cortos y documentales con el ferrocarril como protagonista. Una magnifica tarea para la difusión del ferrocarril.

A continuación el articulo redactado por Fermín Jiménez del Cine Club Universitario de Almería para la presentación de la película “La India En Llamas”

Presentación:

Hoy presentamos una de aventuras, de las que completaban una espléndida sesión de tarde de las de antes. La India en llamas es una emocionante película repleta de intriga, acción, tiros, persecuciones, etc. que inevitablemente, comparada con el cine actual, ha quedado bastante anticuado. Pero este hecho no resta el interés, he podido comprobar personalmente como muchos espectadores contemporáneos, rememoraban con ilusión la película. Aunque no han tenido oportunidad de volver a verla, por que ni siquiera recordaban el título o el director, si conservaban aún la imagen de esa travesía interminable por toda la India en una antigua máquina locomotora, huyendo de las enfurecidas tribus que perseguían al valiente oficial del glorioso ejercito británico y su media docena de acompañantes, frente a las insalvables adversidades.

Esta claro que se trata de una típica producción británica de finales de los cincuenta, destinada al consumo rápido de grandes salas atestadas de público, realizada con un presupuesto bastante moderado, que obligaba a plantearse el rodaje de las escenas de interior en los estudios Pinewood de Londres, y emular la aridez de los paisajes de la India planificando los exteriores en las cinematográficas estepas de la cercana comarca de Guadix, que por cierto, resulta plenamente reconocibles. Hoy día sería impensable concebir un rodaje con un contraste tan grande entres los distintos planos, pero en aquellos años consiguió la credibilidad del público presentando a una serie de personajes tan peculiares como los del legendario oeste. Es fácil recordar a los que compartían la turbulenta travesía de “La diligencia” de John Ford, (1939) por ejemplo.

La historia está inspirada en hechos reales, acaecidos a principios del siglo pasado, cuando ya se resentía la colonización británica de la India, ante los rumores de sublevación de las tribus musulmanas contra el maharajá de la provincia del norte, todopoderoso gobernador que guardaba debida lealtad a su majestad. Inglaterra corresponde enviando al valeroso capitán Scott a una misión imposible; tan solo su tenacidad, disciplina y obediencia conseguirá alejar del peligro, hasta llegar a Nueva Delhi, protegiendo la vida del heredero hindú: el príncipe Kisham, de seis años de edad, su institutriz americana y los demás acompañantes.

Resulta curioso que la vieja locomotora “Victoria” por la que nadie apostaba una rupia, es tratada como un personaje más dentro de la historia y el diverso grupo de personajes, que no conocen nada de los demás, van relegando sus diálogos al ritmo que requiere el tren para conseguir huir del enemigo. Si la máquina va andando, todo marcha bien y entonces la pareja de representantes de la embajada británica establecen un apasionado y filosófico debate con el cínico periodista en un usual tono de humor británico. Si la locomotora se resiente en sus atormentadas válvulas y peligra la supervivencia, el capitán habla, exactamente con el mismo tono dirigente, animando en todo momento a los pasajeros con el optimismo del héroe de la tropa, y sufrirá las encendidas réplicas anglófobas de la mujer americana. Pero ahí estará su amigo Gupta, el maquinista indio entregado a su misión de vigilar todo latido de su amada máquina locomotora que con sangre, sudor y lágrimas cumplirá con cada kilómetro de vía hasta tomar estación a salvo. La relación del capitán Scott y el mecánico maquinista indio traspasa la convención “Sahid/menial” a la que están acostumbrados los británicos respecto los indios y esa cualidad permanece en la memoria.

No estamos en una película de las de Tarzán, con el intrépido cazador blanco sometiendo a todo ser viviente a su civilizada voluntad. Mas bien estamos ante una obra que continúa con la visión de la India de películas como Gunga Din (1939) o la brigada bengalí (1954) y que antecede la visión monumental de obras como Gandhi (1982) de Richard Attenborough o Pasaje a la India (1984) de David Lean. Contiene un rico y variado retrato de personajes que introducen, aunque levemente, su propio discurso político: rodada cuando tan solo hacía unos quince años que el imperio había concedido la independencia a la India, evidencia la intervención durante los turbulentos años del colonialismo británico. Todo un logro, tratándose de una producción británica, y que casualmente introduce un manifiesto fundamentalista por parte de los rebeldes musulmanes que adquiere absoluta actualidad ante la triste y evidente realidad del fanatismo de la guerra entre etnias y razas, antecediéndose con sabiduría histórica al conflicto de nuestros días. Además acertó al contar con Lauren Bacall.

Acerca de angelfdezcorral

MIS AFICIONES...LO HABEIS ADIVINADO, EL CINE Y LOS TRENES!!

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